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~  La Vía Verde ~

La Vía Verde de las tierras del Ebro es una propuesta turística, cultural y deportiva que sigue parte del trazado de la linea ferroviaria, actualmente sin uso y  asfaltada, de la linea número XV de la RENFE que unía las poblaciones de Tortosa y la Puebla de Pont de RiberolaHíjar y que nos permite conocer este territorio a pie, en bicicleta de cualquier tipo,  con patines o a caballo, y también es apta para personas en silla de ruedas. 

Este ferrocarril se quería construir para proporcionar un enlace directo entre Aragón y la desembocadura del Ebro, y, en un principio, su construcción fue encargada a la Compañia del Ferrocarril de Valdezafán, en  San Carlos de la Ràpita, nombre que bautizó esta vía verde como la Vía Verde de la Val de Zafán.
El itinerario sigue un tramo del antiguo ferrocarril, el que unía las estaciones de Arnes-Lledó y el Pinell de Brai y atraviesa los términos municipales de Horta de Sant Joan, Bot y Prat de Compte.
La Vía Verde nos permeite adentrarnos en esta sorprendente región de los Ports, rica en contrastes y con diversidad de paisajes donde se alternan los ambientes rurales, con predominio de los cultivos de secano, con los parajes boscosos de relieve montañoso y recortado, donde predominan las abruptas paredes escarpadas, los barrancos, los estrechos canales y bonitas senderos de agua que dibuja el río Canaletes. El itinerario recorre las sierras de Pándols y Cavalls, donde todavía hay parajes prácticamente vírgenes donde es posible disfrutar de la tranquilidad y el silencio en plena naturaleza. Un silencio severo donde se adivina la huella de la mayor y más sangrienta batalla librada en Cataluña, la Batalla del Ebro.

Una lei del año 1880 autoritzó la construcción de una línea de ferrocarril que uniese la Puebla de Híjar con Sant Carles de la Ràpita. Es curiosa una hipótesisVia Verda 2 que acompaña la génesis de la construcción de este ferrocarril, que plantea que los militares temían una posible invasión procedente del otro lado de los Pirineos y, si esto sucedía, la siguiente barrera natural era el valle del río Ebro. Un ferrocarril que circulase a lo largo de su riba derecha serviría para abastecer este eventual frente bélico. Para los aragoneses, que a mediados del siglo XIX habían descubierto en el Bajo Aragón una zona eminentemente agrícola y grades yacimientos carboníferos, el ferrocarril suponía la gran esperança para su desarrollo económico, pues su explotación sólo sería rendible si se disponía de un transporte que los acercara a los grandes centros industriales del Estado, que hasta aquel momento dependían totalmente de las importaciones del carbón inglés.
Aún habiéndose colocado la primera piedra el día 23 de octubre de 1882, en presencia del rey Alfonso XII, las obras no empezaron hasta el año 1887. Un conjunto de avatares políticos y financieros acompañaron la construcción del primer tramo de ferrocarril, que iba desde la Puebla de Híjar a Alcañíz, y por donde circuló el primer tren el año 1895. Los malos resultados económicos en la explotación de este tramo, junto con la falta de capital de la eTunels Via Verdampresa concesionaria, provocaron la fallida de la empresa y el abandono de su gestión,  de la que se encargó provisionalmente el Estado, que no tenía ningún interés en continuar las obras, la cuales tardaron 25 años a  reiniciarse. Empezaron de nuevo el año 1923, poco antes del golpe de estado del general Primo de Rivera que, a lo largo de su dictadura, dió un gran impulso a la construcción de éste y otros ferrocarriles. Al final de este período, ya estaba terminado casi el 60 % del recorrido. Fue la Guerra Civil la que favoreció la finalización de las obras, ya que gran parte del trazado entre Alcañíz y Bot fou utilitzado por el ejército franquista en la Batalla del Ebro. Al finalizar la guerra se continuó el trazado hasta Tortosa, que fue abierto el año 1942 gracias al trabajo forzado de los prisioneros de guerra republicanos capturados en la Batalla del Ebro. Pero nunca se llegó a construir el tramo de vías que uniría Tortosa y Sant Carles de la Ràpita. La línea nunca fue utilizada como vía principal de salida de los productos aragonese y el tráfico general de los municipios que atravesaba no era suficiente para cubrir los gastos que ocasionava. El hundimiento de uno  de los túneles en el año 1971 fue la excusa perfecta que necesitaba la administración para proceder al cierre de la línea. Los trenes fueron sustituídos definitivamente por autobuses en el año 1973 y se puso fin a una lánguida existencia de poco más de 30 años.

La historia del ferrocarril y de la comarca nos acompaña a lo largo del recorrido. En Arnes, todavía podemos contemplar el nucleo medieval fortificado alrededor del castillo, también el magnífico edificio dVia Verda Molletel ayuntamiento, construido en el año 1584, de estilo renacentista. Además, hay que destacar la belleza natural del entorno, donde la llanura se mezcla con la montaña en una sinfonía de formas y colores donde destacan las formas caprichosas de las Roca de Benet.                    La antigua estación de Horta de Sant Joan nos anuncia la proximidad de la villa de Picasso. Las casas del pueblo se alzan, al sur, sobre una colina, con el rocoso telón de fondo de la montaña de Santa Bárbara, con su inconfundible fisonomía, y el convento de San Salvador, a sus pies. Es una imagen  que queda fijada en la retina, donde el pueblo de marcado carácter medieval y el magnífico paisaje que lo envuelve se funden como si el tiempo se hubiese parado. 
Nuestros frontales emiten láminas de luz que dibujan sombras alargadas y temblorosas en la oscuridad de los túneles que atravesamos. Los atravesamos con vehemencia, conocedores de los secretos y recuerdos que esconden sus muros. La mayoría de estos  túneles sirvieron de base de los altos mandos del ejército republicano durante la Guerra Civil y fueron utilizados por los soldados como refugios contra los borbardeos de la aviación franquista. Los republicanos allí se fortificaron y llegaron a construir verdaderas ciudades subterráneas y hospitales de campaña.Via Verda
El paisaje pierde suavidad y las formas se vuelven ariscas a medida que nos acercamos a Bot, donde destaca la iglesia parroquial de San Blas, de estilo renacentista .
El itinerario se encaja en el viejo valle del río Canaletes, que se encharca formando preciosas balsas de agua turquesa y que cruzamos, mientras serpentea bajo las sierras  de  Pàndols y de  Cavalls, por unos espectaculares puentes.
Vale la pena bajar al río al pasar por la Fontcalda y disfrutar de las aguas termales que brotan en un paraje abrupto y salvaje, allí donde el río se estrecha entre las  molas de  La Fusta y del Crestall.
Después de unos túneles, llegamos a la estación de Pinell de Brai, a pocos quilómetros del pueblo donde destaca el famoso Celler Cooperatiu, de estilo modernista, también denominado “La Catedral del Vino”, construido por el discípulo de Gaudí, César Martinell.  
Cruzamos el río Canaletes, que desciende hasta llegar al Ebro, por el majestuoso Puente de Riberola, punto donde dejamos atrás la comarca de la Terra Alta para adentrarnos en la del Baix Ebre. Un conjunto de túneles nos llevan al final del valle del Canaletes, que desaparece de repente al llegar a la estación de Benifallet (pueblo que destaca por grandes atractivos turísticos, como sus preciosas cuevas, su proximidad a las sierras y valle de Cardó y si impulso desde hace siglos a la navegación fluvial, donde últimamente destaca una gran afición al piragüismo.
A partir de la estación de Benifallet,  sobre un nuevo horizonte en una explosión de luz y color, una cornisa sobre el Ebro nos permite circular paralelamente al río, la "Vía Verde" junto con la "Vía Azul".  Llegamos al Azut de Xerta, que recorta el río, cruzándolo de través. Es una impresionante obra de Via Verdaingeniería hidráulica medieval que fue construida inicialmente por los árabes a principios del siglo XV. Ahora es una presa de 375m. de largo construida en diagonal, de lado a  lado del río y que permite desviar parte del agua hacia los canales de la Derecha y de la Izquieda del Ebro. También  nos llama la atención el gran dique que permite a las embarcaciones subir o bajar de un nivel a otro del río. Encontramos el puente de Titoi y después, venciendo el paso del tiempo, la antigua estación de Xerta,  pueblo que alcanzó su máximo esplendor cuando las barcas y los laúdes surcaban, arriba y abajo, las aguas del Ebro. A medida que nos acercamos a  Aldover , y después a  Tortosa, el paisaje se vuelve más suave y ondulado. La montaña ha quedado atrás y casi todo cambia radicalmente. Los campos de secano, donde se combinaban los colores tostados y ocres son sustituidos per huertas de un verde intenso y campos de regadío,  lineales y perfilados, cargados de frutas que llenan de color las orillas del Ebro y sus canales.
(Extraído de la revista Natura, enero 2009)

Perfil de la Via Verda

Mapa de la Via Verda

Mapa Via Verda